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📸 Imagen: Archivo libre de derechos |
✨ La verdad al desnudo ✨
Cuenta la leyenda que un día la Verdad y la Mentira se cruzaron en el camino.
—Buenos días —saludó la Mentira.
—Buenos días —respondió la Verdad, con la serenidad de quien no tiene nada que ocultar.
—Hermoso día —dijo la Mentira.
La Verdad, desconfiada por naturaleza, levantó la mirada al cielo. Y sí, era
hermoso.
—Hermoso día —concedió la Verdad.
—Aún más hermoso está el lago —añadió la Mentira.
La Verdad se acercó, comprobó el brillo del agua y volvió a asentir.
La Mentira dio un paso más:
—El agua está cálida, perfecta. Ven, nademos.
Y la Verdad, confiándose por haberla visto hablar con
exactitud, se despojó de sus ropas y entró al lago.
Ambas nadaron juntas un rato, como si aquel extraño pacto pudiera durar para
siempre.
Pero la Mentira salió antes.
Miró las ropas de la Verdad, las tomó sin pudor, se vistió con ellas… y se fue
por el mundo.
Cuando la Verdad salió del agua, descubrió el engaño. Miró las ropas de la Mentira, pero no pudo ponérselas: no le servían, no le pertenecían, no podía disfrazarse.
Y así comenzó a caminar desnuda por los caminos, estremeciendo a quien la veía. Muchos la rechazaban, otros la evitaban, casi todos se horrorizaban ante su crudeza.
Mientras tanto, la Mentira —vestida de Verdad— era recibida con sonrisas, con aplausos, con fe ciega.
Dicen que desde entonces el mundo sigue igual:
la gente prefiere la Mentira disfrazada de Verdad…
antes que la Verdad tal como es: desnuda, incómoda, luminosa.
Y quizá el reto de cada alma sea este:
atreverse a mirar sin apartar la vista.
