“Mi casa, mi río”: Un poema de Susana Pàmies sobre el arte de regresar a uno mismo.

Pintura de una casa iluminada con luces cálidas en una pequeña isla en medio de un lago en una noche oscura.

📸 Imagen: Archivo libre de derechos


“Mi casa, mi río”: Un poema de Susana Pàmies sobre el arte de regresar a uno mismo.


Mi casa, mi río

Habla el río que no pasa por mi casa.
Así, susurrando, como empeñado en que no pueda escucharlo, simplemente por eso, porque no pasa por mi casa.

Sabio río, que no quiere dolerme aún más.

Sabiendo que, si le escucho, rememoraré el tiempo en el que me sentaba en su orilla, o me bañaba desnuda en sus cristalinas aguas aquellos días calurosos de verano y aquellas noches, donde la estrellas se mostraban reflejadas en él intactas, y tan a mi alcance, y bien poco importaba que se desvanecieran en sus aguas al intentar coger alguna...,



¿quién necesita una estrella cuando un río pasa por tu casa?, y te deja el firmamento en medio de ella, las estrellas en el salón, la luna en la cocina, el sol descansando en tu cama y esa brisa fresca que envuelve tu cuerpo aún caliente por los rayos del que ahora dormita entre tus sábanas.



Habla el río que no pasa por mi casa.

Ignora que sigo escuchándolo, o yo ignoro que sabe que lo escucho, seguramente sea lo segundo, ...es lo que tienen los sabios.

Abro las ventanas para poder escucharlo mejor.

Sigo notando su murmullo aún lejano.

Abro la puerta y aunque parece más cerca, sigo sin entender apenas nada de lo que dice, de lo que habla.

Decido seguir su voz, hoy me levanté valiente porque me levanté y presté atención al río que habla, y no al hecho de que ya no pasé por mi casa.

Mis pies avanzan sin ton ni son, y mi cuerpo les sigue sin cuestionar nada, mis oídos están demasiado ocupados siguiendo el murmullo y no permiten que mi mente les interrumpa con su parlanchina verborrea que, desde luego, no conduce a ningún río.

Y yo quiero escuchar con nitidez, qué dice el río. Cae la noche y sigo caminando.

En el momento más inesperado, noto mis pies mojados, -será una charca -me dice la cansina verborrea que se ha colado por un segundo en mis oídos, no le hago caso, miro hacia el frente y veo el río, sus aguas, sus estrellas, su luna, su sol dormido.

Me desnudo, en él me adentro, dejo que abrace mi cuerpo, que acune mi alma como en los cuentos.


Y al escuchar cómo respira, al oler su dulce aliento


-Vuelve a pasar por mi casa -le digo.


-Nunca pasé por tu casa -me responde- Eras tú quien, al sumergirte en mis aguas, me llevabas contigo.


Y aunque hace mucho que no vienes a conversar conmigo, ya estás de vuelta, lo has conseguido. Y ahora, llévame a casa.


La misma casa de la nunca me he ido.

Habla el río...




Susana Pamies Salinas

—Esteban Pàmies 🛡️
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