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📸 Imagen: Archivo libre de derechos |
Antes de saber quién eres
Hay un tiempo en la vida
en el que crees que ser adulto consiste en saber,
en tener respuestas,
en demostrar que no necesitas a nadie.
Sientes que todo es
posible
y, al mismo tiempo,
que no puedes fallar.
La prisa se disfraza de
ambición.
El miedo se disfraza de libertad.
Y muchas decisiones no nacen de lo que eres,
sino de lo que temes perder
antes incluso de haberlo tenido.
Quieres vivir
intensamente,
pero todavía no sabes habitarte.
Confundes fuerza con dureza,
independencia con distancia,
y amor con promesas que aún no sabes sostener.
Y está bien.
De verdad: está bien.
No has venido a acertar.
Has venido a experimentar,
a probar caminos,
a equivocarte sin entender del todo
qué precio tendrá cada elección.
Aún no sabes
que algunas decisiones dejarán huella.
Ni que algunas renuncias no se notan hasta muchos años después.
Ni que el honor, la lealtad o el cuidado
no siempre brillan…
pero sostienen.
Si hoy te sientes
perdido, exagerado, inseguro, valiente y torpe a la vez,
no te avergüences.
No te falta madurez.
Te sobra vida por delante.
Algún día mirarás atrás
y comprenderás que no eras débil,
solo estabas aprendiendo a existir
con el corazón abierto
y pocas herramientas.
Y ojalá, cuando ese día
llegue,
no te juzgues con dureza,
sino con gratitud
por haber seguido adelante
sin saber casi nada
pero sintiéndolo todo.
👉 Nada aquí exige comprenderlo todo hoy.
Algunas palabras solo esperan su momento.
Cuando resuenen, sabrás por qué.
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—Esteban Pàmies 🛡️
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