La suerte es de la ciudad; la verdad le pertenece al bosque

Ilustración de un lobo gigante custodiando una entrada en la penumbra mientras una figura humana recibe un rayo de luz con respeto y serenidad.

📸 Imagen: Fred Moe


La suerte es de la ciudad; la verdad le pertenece al bosque 

¿Y si lo verdaderamente humano no fuera tener suerte…
sino aprender a vivir como si no existiera?
 

En la naturaleza no hay azar.
Hay atención o hay consecuencia.
Hay presencia o hay final.
 

El lobo no confía en la suerte.
El ciervo no espera milagros.
El frío no perdona distracciones.
La vida, cuando es desnuda, exige coherencia.
 

La suerte aparece cuando nos alejamos de esa ley.
Cuando el error no se paga al instante.
Cuando el sistema amortigua nuestra falta de atención
y seguimos caminando como si nada.
 

Decimos “tuve suerte”
cuando en realidad la realidad fue indulgente.
 

Quizá por eso la ciudad está llena de suerte
y el bosque está lleno de verdad.
 

Tal vez lo humano no consista en esperar que nada pase,
sino en vivir de tal forma que nada quede al azar:
mirar antes de cruzar,
escuchar antes de hablar,
sentir antes de decidir.
 

Vivir como si la suerte no existiera
no es vivir con miedo.
Es vivir con presencia.
 

Y entonces la pregunta queda abierta,
como una grieta suave en la conciencia.

 

👉 ¿En qué parte de tu vida sigues confiando en la suerte
cuando en el fondo sabes que lo que necesitas es atención?


—Esteban Pàmies 🛡️
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