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📸 Imagen: Archivo libre de derechos |
Carta de reconciliación conmigo mismo: El arte de dar sin abandonarte en el intento.
Querido yo,
Durante mucho tiempo creí que tenía que elegir entre
ustedes.
Entre el que da sin pensar
y el que, en silencio, empieza a doler.
Hoy entiendo que no son enemigos.
Son dos maneras de amar
que nacen del mismo lugar.
Al que da, quiero decirle:
gracias.
Gracias por no endurecerte.
Por seguir creyendo en los gestos pequeños,
en las palabras que pueden alegrar un día,
en la presencia ofrecida sin cálculo.
Tu luz es real,
y ha llegado más lejos de lo que imaginas.
Y al que se cansa, también quiero hablarle:
perdón.
Perdón por ignorarte tanto tiempo.
Por llamarte debilidad
cuando en realidad eras límite.
Tú no viniste a apagar la luz,
viniste a protegerla.
Hoy decido escucharlos a ambos.
Dar sin perderme.
Retirarme sin rencor.
Elegir dónde mi gesto es cuidado
y aceptar, sin juicio,
que no todos pueden recibir lo que ofrezco.
No dejaré de dar,
pero ya no me abandonaré en el intento.
Voy a seguir afinando ese equilibrio
donde dar no cansa
y recibir no pesa.
Porque cuidarme
no me hace menos generoso.
Me hace más verdadero.
Con ternura,
con conciencia,
con respeto por lo que soy,
Yo.
Y tú,
¿Desde el gozo… o desde el desgaste?
