Carta de reconciliación entre “el que da” y “el que se cansa”

Pintura con pinceladas al estilo Van Gogh de una joven sentada en su cama, mirando el cielo diurno a través de una ventana entreabierta.

📸 Imagen: Archivo libre de derechos

Carta de reconciliación conmigo mismo: El arte de dar sin abandonarte en el intento.

Querido yo,

Durante mucho tiempo creí que tenía que elegir entre ustedes.
Entre el que da sin pensar
y el que, en silencio, empieza a doler.

Hoy entiendo que no son enemigos.

Son dos maneras de amar
que nacen del mismo lugar.

Al que da, quiero decirle:

gracias.

Gracias por no endurecerte.
Por seguir creyendo en los gestos pequeños,
en las palabras que pueden alegrar un día,
en la presencia ofrecida sin cálculo.

Tu luz es real,
y ha llegado más lejos de lo que imaginas.

Y al que se cansa, también quiero hablarle:

perdón.

Perdón por ignorarte tanto tiempo.
Por llamarte debilidad
cuando en realidad eras límite.
Tú no viniste a apagar la luz,
viniste a protegerla.

Hoy decido escucharlos a ambos.

Dar sin perderme.
Retirarme sin rencor.
Elegir dónde mi gesto es cuidado
y aceptar, sin juicio,
que no todos pueden recibir lo que ofrezco.
 

No dejaré de dar,
pero ya no me abandonaré en el intento.
 

Voy a seguir afinando ese equilibrio
donde dar no cansa
y recibir no pesa.
 

Porque cuidarme
no me hace menos generoso.
Me hace más verdadero.
 

Con ternura,
con conciencia,
con respeto por lo que soy,

Yo. 

Y tú,
¿Desde el gozo… o desde el desgaste?


—Esteban Pàmies 🛡️
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