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📸 Imagen: Archivo libre de derechos |
“Cruda o al punto”: El poema de Susana Pàmies sobre el día en que decidimos no esquivar el charco.
Las camas aireándose desde primera hora de la mañana.
Los garbanzos en remojo desde la noche anterior.
La ropa sucia haciendo cola frente a una lavadora cada día más encalada
a pesar de su aroma continuo a hierba fresca de verde prado.
El polvo, acumulado en las esquinas de los porta retratos acomodados en una valiosa cómoda del siglo XVIII, intenta conservar el valor de ésta sobreviviendo a los ataques de un histérico plumero empeñado en dejarlo todo impoluto, sin guardar respeto ni luto por las fotografías en sepia de aquéllos que, se supone, deberían descansar en paz.
Los cristales de las ventanas esperando su limpieza semanal, se empapan del agua de la lluvia que ha traído consigo el día, que a chorretones traviesos forman juguetonas figuras en la parte de ellos que da a la calle, y provocan la envidia de la parte que da al interior por su incapacidad de jugar al tener que lucir siempre limpia, siempre seca.
La alfombras del suelo, extrañadas por no haber sido despertadas aún por el insoportable ruido de un aspirador obcecado en succionarles hasta su último aliento, murmuran entre ellas que algo raro está sucediendo. El silencio que reina en la casa y la calma que se respira en el aire las mantiene alerta.
Un ruido de llaves, la puerta de entrada que se abre.
Una zapatos embarrados las pisa sin remordimiento alguno, una chaqueta es arrojada sobre ellas y al caer proyecta gotas que chocan contra el cristal siempre seco de las ventanas.
Una mano mojada coge un porta retrato y acaricia el rostro de la imagen que en él reposa haciendo que ésta se muestre menos sepia.
Una falda y unas medias llenas de barro son lanzadas a la cola de la ropa sucia, abriéndose paso triunfante ante la mirada atónita de las demás prendas que, aún por lavar, esperan su turno.
Y las sábanas blancas de la cama ya aireadas, muestran desaire al cuerpo desnudo con fango hasta el cuello que aproximándose hacia ellas amenaza con manchar su blanca pureza.
Y así lo hace, pero de una forma totalmente sorprendente e inusual.
El cuerpo se sube de pie y empieza a saltar, y al compás del chirriar de los muelles se oye cantar:
“Hoy me encontré un charco
y no lo esquivé.
Me metí de lleno,
y chapoteé.
Y bajo la lluvia...
Bailé y bailé”
Susana Pamies Salinas
—Esteban Pàmies 🛡️
© 2026 · Todos los derechos reservados · España 🇪🇸
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